HOMENAJE POR EL BICENTENARIO DE IGNACIO RAMÍREZ

"EL NIGROMANTE"

1818-1879

“Pero en fin, pues que la justicia es el objeto del gobierno ¿crees que en México se conozca la justicia?”

CALENDARIO

La mente más brillante de San Miguel de Allende

Ignacio Ramírez nace el 22 de junio de 1818 en la Villa de San Miguel el grande, hoy San Miguel de Allende, Guanajuato. Hijo de don Lino Ramírez y doña Sinforosa Calzada, indígenas. Lino Ramírez es liberal y partidario de Valentín Gómez Farías, y su hijo comparte muy pronto sus ideas. En 1834 la familia se traslada a la ciudad de México, donde Ignacio despliega su temperamento libresco y estudia artes en el Colegio de San Gregorio.
Monsiváis, Carlos. Las herencias ocultas de la reforma liberal del Siglo XIX, [En línea].

Ramírez pagó muy caro la fidelidad a sus ideas: la cárcel, enfermedad, la censura, el escarnio, la amenaza de fusilamiento, el silencio y la incomprensión para un hombre de palabra y de palabras en la defensa de un liberalismo puro y sin concesiones a las componendas facciosas.
Weinberg, Liliana, “Estudio preliminar”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 66.

Trabajó mucho y con poca renta, en sus últimos años siguió sumergido en plena actividad como juez, periodista, escritor, y murió como vivió: pobre, honradamente pobre, sin haber comprometido nunca su buen nombre con el uso de los recursos públicos. Murió pobre, aunque rico en ideas, generoso en prácticas, derrochador en energías, excesivo en la entrega a los compromisos, superlativo en sus tomas de posición, intemperado en proyectos, descomunal en sueños: este hombre de genio lo dio todo a la construcción de un México de libertad, igualdad y fraternidad.
Weinberg, Liliana, “Estudio preliminar”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 66.

Este incansable luchador recorre por última vez el jardín de la Plaza Mayor de la ciudad de México, llega a su casa y muere un 15 de julio de 1879. Así lo recuerda Pimentel: “hombre modesto y honrado, muere pobre, habiendo tenido a la mano como ministro, los bienes nacionalizados del clero, pudiendo hacer uso fácil de las leyes de desamortización y habiendo despachado asuntos de interés como magistrado”. Un hombre de acción y de letras, un político honrado; un liberal puro.
Weinberg, Liliana, “Estudio preliminar”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 36.

Joven Ignacio Ramírez

Un apodo para tiempos más inteligentes

“El apodo del Nigromante lo tomó Ramírez de Don Quijote de la Mancha. Como el personaje cervantino, Ramírez desafiaba a los ilusos y su mundo imaginario.”
Skirius, John, “Pensamiento cultural y educativo de Ignacio Ramírez”, en La Palabra de la Reforma en la Republica de las letras, p. 451.

“Así Luis de Tavira dice: “Cuando un pensador revolucionario y riguroso como Ignacio Ramírez, racionalista, agnóstico, enciclopedista e ilustrado, elige con plena conciencia de posteridad el seudónimo de El Nigromante, se produce el signo eficaz de un laberinto: la ironía como punto de vista. No pocos serán los extraviados en ese laberinto. La historia oficial, por ejemplo, los arquitectos del Panteón Nacional aún más que los simplemente ignorantes. Ignacio Ramírez, el vengador iconoclasta, descubrió ingeniosamente el antídoto que habría de conseguir la preservación y vigencia de su pensamiento para tiempos más inteligentes.”
De Tavira, Luis, “Prólogo”, en Obras Completas, T.V, p.v.

“La presentación del primer número de Don Simplicio contenía, además, un párrafo en verso dedicado a cada uno de los colaboradores del periódico que intentaba identificarlos. Ahí apareció por primera vez el seudónimo de Ignacio Ramírez:

"Y un oscuro Nigromante
que hará por artes del diablo
que coman en un establo
Sancho, Rucio y Rocinante
con el caballero andante."

Ramírez era un hombre de letras, de ahí el seudónimo que adoptó. En El Quijote, la figura de El Nigromante es el principio antagónico del héroe; en la imaginación del caballero el mago es quien lo confunde todo, que hace que los gigantes con quienes lucha sean de pronto molinos, y los ejércitos un simple rebaño de pacíficos animales. En el movimiento general de la novela, es el Nigromante el que, cada vez, trae al caballero a la realidad funcionando justamente contrario censu de lo que el caballero cree y afirma.”
Maciel, David R., “Don Simplicio y el Nigromante”, pp. 116,117.

“Para Emilio Arellano, quien forma parte de la estirpe de Ignacio Ramírez, su consanguíneo escogió llamarse El Nigromante porque se identificó con su definición: “El que habla con los muertos para conocer el futuro”. Algo de verdad debe de haber en esto. Para Cicerón los hombres pensaban en ultratumba cuando legislaban, instituían, ordenaban el estado, por la misma razón que hacía prescribir a Estacio en los sinéfebos, en tono de admiración en tercera persona: “siembra él árboles que al otro siglo sirvan”. El Nigromante pensaba en el futuro al educar una sociedad e instituir un país. Trabajó para que su voz, desde el sepulcro siguiera escuchándose.”
Ayala, Ochoa. Camilo, “Presentación”, en Tipos mexicanos, p. 13.

“Nigromante. El que adivina el futuro invocando a los muertos. El seudónimo o, mejor, el término que en la prensa y en la vida nacional completa a Ignacio Ramírez, si bien ajeno a su actitud rigurosa, anticipa adecuadamente el pavor, el ánimo supersticioso, el odio y “el crujir de dientes” con que Ramírez es contemplado por la sociedad (la única Sociedad).”
Monsiváis, Carlos. Las herencias ocultas de la reforma liberal del Siglo XIX, [En línea].

“Ignacio Ramírez, El Nigromante, personaje de lo más avanzado dentro de la formidable generación de la Reforma, incursionó en múltiples campos de la cultura nacional. Sus conocimientos enciclopédicos junto a su aguda ironía y sarcasmo le valieron el calificativo de Voltaire mexicano.”
Rosen, Boris, “Presentación”, en Obras Completas, T1, p. VII.

“Al verlo pasar, los fanáticos le gritaban de acera a acera: “Jacobino, masón, impío, hereje”. De allí proviene el seudónimo con el que firmó su inmensa producción periodística y literaria, y las extraordinarias leyes de Reforma: El Nigromante. Por sus ideas liberales y radicales, en su tiempo también se le conoció como el Voltaire mexicano, apóstol de la Reforma, defensor de oficio del pueblo mexicano, paladín de la democracia, defensor de los derechos fundamentales del hombre, destructor de ídolos y falsos profetas.”
Arellano, Emilio, Memorias prohibidas, p. 43.

“De este modo, si bien en su origen el concepto de “nigromancia” tiene una connotación negativa como arte adivinatoria abominable y peligrosa ligada a la invocación de los muertos y al pacto con el diablo, la lectura de la obra de Cervantes, Quevedo, Vélez de Guevara o Torres Villarroel nos conduce a otra trayectoria posible en la tradición literaria: la nigromancia tomada de manera jocosa como arte del desengaño que permite descubrir el lado oculto de las cosas, y de ahí, por extensión, el lado secreto de las costumbres reprobables que solo un desencantador de genio puede descubrir. Se genera así un tema literario que, vinculado a su vez con el de la proliferación de diablos y espíritus maliciosos y revestido en el origen de una carga negativa, oscura y grave, a lo largo de los siglos XVII y XVIII se desatanizará hasta llegar a adquirir, a través del juego desestabilizador de la sátira y la caricatura, un valor positivo, luminoso y mordaz, de tono goyesco, ligado a la agudeza y el ingenio en la pintura de las costumbres.
Así lo confirma además el ambiente en el cual se nutren y en el cual se insertan a su vez las ideas de Ramírez, cuya posición no resulta, a la luz de aquel, de ningún modo excéntrica y singular: la apelación al mundo de las tinieblas y los actos demoníacos es una estrategia satírica y crítica característica de la época, que se extenderá a lo largo del siglo XIX sobre todo en el campo del periodismo, y está sumergida en pleno clima ilustrado, aunque ya prerromántico y liberal.”
Weinberg, Liliana, “Estudio preliminar”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, pp. 18-19.

"El Nigromante"

A ojos de grandes intelectuales

​“Hirió infinitas vanidades y aún tuvo que desafiar como Ayax, hasta a potestades que se creen divinas, y cuyo rencor se acrecienta en la derrota.”
Altamirano, Ignacio, Manuel, Ignacio Ramírez “El Nigromante”, p 3, [En línea]

“Ramírez, a quien se ha llamado con justicia, el Voltaire de México.”
Altamirano, Ignacio, Manuel, Ignacio Ramírez “El Nigromante”, p 4, [En línea]

“A Ramírez se le ha juzgado con justa razón como gran poeta y como gran filósofo, como sabio profundo y como orador elocuente, y Ramírez era en el fondo la protesta más genuina contra los dolores, los ultrajes y las iniquidades que sufría el pueblo.
En política, en literatura, en religión, en todo era una entidad revolucionaria y demoledora; era la personificación del buen sentido, que, no pudiendo lanzar sobre los farsantes y los malvados el rayo de Júpiter, los flagelaba con el látigo de Juvenal, y hacía del ridículo la picota en que a su manera les castigaba. Pero para esto necesitaba un gran talento, un corazón lleno de bondad y una independencia brusca y salvaje sobre toda ponderación.”
Prieto, Guillermo, “Una tarde sin dios en la Academia de Letrán”, en, Armario, pp. 55, [En línea].

“Un Prometeo inquieto y genial, un miembro del Parnaso mexicano que arrebata al orden conservador los viejos saberes que es necesario refuncionalizar a la luz de las nuevas ideas del siglo. Y como Prometeo lo encontramos, ya visitante libre de todos los mundos, apoderándose de los conocimientos todavía encerrados en las viejas instituciones escolares y acervos culturales, ya encadenado y castigado por su atrevido afán de servir a los hombres en la fundación de un nuevo orden.”
Weinberg, Liliana, “Estudio preliminar”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 21.

“Sus metas de ataques fueron instituciones prestigiosamente seculares, hombres omnipotentes, costumbres legendarias. Por eso los beneficios de su actitud tuvo que recogerlos en las cárceles, en las persecuciones y en los destierros, ya que no en vano la ira de los dioses se descarga sobre los rebeldes. El mito de Prometeo se reproduce constantemente e incansablemente, puesto que es propio de la humana naturaleza. Sin embargo, hay hombres y hay etapas en los que ese mito adquiere proporciones que van de la gesta a la epopeya y toman el rango de lo heroico y de lo santo. El caso de Ignacio Ramírez es un hecho señalado, que tiene el valor de haber sido compartido por México. (…)La mutua dependencia que existió entonces entre México e Ignacio Ramírez hace posible que hoy identifiquemos a la Reforma con El Nigromante, a las ideas liberales con las ideas de Ramírez, a 60 años de turbulenta historia mexicana con la existencia atormentada del vigoroso mestizo.”
González, Ramírez, Manuel, “Prologo, en Ensayos, p. VIII.

“Entre los ideólogos liberales de la generación de la Reforma sobresale Ignacio Ramírez: radical, penetrante y sagaz ante los problemas de la organización del país”. Y añade: “Han pasado muchos años de la muerte del Nigromante. El positivismo, sin ideales políticos definidos, honró insuficientemente su memoria; la Revolución tampoco lo ha sabido honrar dignamente. La República insigne alienta, no obstante, en sus claros símbolos, y así vencerá el olvido de los contemporáneos. Su metafísica jacobina fue, en todo momento que la propugnó, el rumbo que marcaba la salvación de las instituciones. Tuvo eficacia y osadía, constancia y amor. Fue grande; uno de los mexicanos mas grandes y mas puros, y cuando el historiador de las ideas busque al ¨hombre representativo¨de aquella época gloriosa, a su ideólogo clásico, escribirá su nombre”.
Weinberg, Liliana, “Estudio preliminar”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 21.
Caso, Antonio, El problema de México y la ideología nacional, p. 38.

“Para enjuiciar a hombres del tipo de Ignacio Ramírez precisa descubrir la pureza de su vida y El Nigromante fue honesto en grado superlativo; de tal modo, que sobre su obra podrán caer todos los anatemas, menos el de haber sido un simulador. Jamás cometió el fraude de la hipocresía. Por eso, su prístina conducta es garantía de la limpidez de su pensamiento. Fueron las únicas armas con las que contó para luchar contra la iglesia. Y fueron las mismas que esgrimió en el disentimiento sobre la tradición española.”
González, Ramírez, Manuel, “Prologo, en Ensayos, p. XX.

Sobre su obra

​“Hirió infinitas vanidades y aún tuvo que desafiar como Ayax, hasta a potestades que se creen divinas, y cuyo rencor se acrecienta en la derrota.”
Altamirano, Ignacio, Manuel, Ignacio Ramírez “El Nigromante”, p 3, [En línea]

“Ramírez, a quien se ha llamado con justicia, el Voltaire de México.”
Altamirano, Ignacio, Manuel, Ignacio Ramírez “El Nigromante”, p 4, [En línea]

“A Ramírez se le ha juzgado con justa razón como gran poeta y como gran filósofo, como sabio profundo y como orador elocuente, y Ramírez era en el fondo la protesta más genuina contra los dolores, los ultrajes y las iniquidades que sufría el pueblo.
En política, en literatura, en religión, en todo era una entidad revolucionaria y demoledora; era la personificación del buen sentido, que, no pudiendo lanzar sobre los farsantes y los malvados el rayo de Júpiter, los flagelaba con el látigo de Juvenal, y hacía del ridículo la picota en que a su manera les castigaba. Pero para esto necesitaba un gran talento, un corazón lleno de bondad y una independencia brusca y salvaje sobre toda ponderación.”
Prieto, Guillermo, “Una tarde sin dios en la Academia de Letrán”, en, Armario, pp. 55, [En línea].

“Un Prometeo inquieto y genial, un miembro del Parnaso mexicano que arrebata al orden conservador los viejos saberes que es necesario refuncionalizar a la luz de las nuevas ideas del siglo. Y como Prometeo lo encontramos, ya visitante libre de todos los mundos, apoderándose de los conocimientos todavía encerrados en las viejas instituciones escolares y acervos culturales, ya encadenado y castigado por su atrevido afán de servir a los hombres en la fundación de un nuevo orden.”
Weinberg, Liliana, “Estudio preliminar”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 21.

“Sus metas de ataques fueron instituciones prestigiosamente seculares, hombres omnipotentes, costumbres legendarias. Por eso los beneficios de su actitud tuvo que recogerlos en las cárceles, en las persecuciones y en los destierros, ya que no en vano la ira de los dioses se descarga sobre los rebeldes. El mito de Prometeo se reproduce constantemente e incansablemente, puesto que es propio de la humana naturaleza. Sin embargo, hay hombres y hay etapas en los que ese mito adquiere proporciones que van de la gesta a la epopeya y toman el rango de lo heroico y de lo santo. El caso de Ignacio Ramírez es un hecho señalado, que tiene el valor de haber sido compartido por México. (…)La mutua dependencia que existió entonces entre México e Ignacio Ramírez hace posible que hoy identifiquemos a la Reforma con El Nigromante, a las ideas liberales con las ideas de Ramírez, a 60 años de turbulenta historia mexicana con la existencia atormentada del vigoroso mestizo.”
González, Ramírez, Manuel, “Prologo, en Ensayos, p. VIII.

“Entre los ideólogos liberales de la generación de la Reforma sobresale Ignacio Ramírez: radical, penetrante y sagaz ante los problemas de la organización del país”. Y añade: “Han pasado muchos años de la muerte del Nigromante. El positivismo, sin ideales políticos definidos, honró insuficientemente su memoria; la Revolución tampoco lo ha sabido honrar dignamente. La República insigne alienta, no obstante, en sus claros símbolos, y así vencerá el olvido de los contemporáneos. Su metafísica jacobina fue, en todo momento que la propugnó, el rumbo que marcaba la salvación de las instituciones. Tuvo eficacia y osadía, constancia y amor. Fue grande; uno de los mexicanos mas grandes y mas puros, y cuando el historiador de las ideas busque al ¨hombre representativo¨de aquella época gloriosa, a su ideólogo clásico, escribirá su nombre”.
Weinberg, Liliana, “Estudio preliminar”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 21.
Caso, Antonio, El problema de México y la ideología nacional, p. 38.

“Para enjuiciar a hombres del tipo de Ignacio Ramírez precisa descubrir la pureza de su vida y El Nigromante fue honesto en grado superlativo; de tal modo, que sobre su obra podrán caer todos los anatemas, menos el de haber sido un simulador. Jamás cometió el fraude de la hipocresía. Por eso, su prístina conducta es garantía de la limpidez de su pensamiento. Fueron las únicas armas con las que contó para luchar contra la iglesia. Y fueron las mismas que esgrimió en el disentimiento sobre la tradición española.”
González, Ramírez, Manuel, “Prologo, en Ensayos, p. XX.

Adiós a dios

​“En este adoratorio, rodeado de un centenar de luces, se levanta un santo que, aunque tiene nombre, por no ejercer una profesión conocida, como abogado de los partos o de las muelas, lo declaro vil vulgo o proletario y no lo considero sino como un pretexto para la fiesta que tiene lugar al aire libre.”
Ramírez, Ignacio, [Carta Primera] A Fidel [Guillermo Prieto]en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p.305.
El Semanario Ilustrado, t. I, (18 de septiembre de 1868); en Obras Completas, pp. 150-152.

“En 1824, cuando aún estaban humeantes las hogueras de la inquisición, con uno de sus tizones mal apagados, se escribía en la constitución de la República el artículo que estableció la intolerancia religiosa, y este artículo es el que venimos a borrar en nombre de la humanidad, en nombre del evangelio, y si es posible a costa de nuestra sangre. Yo hablo aquí en nombre de los principios del evangelio, en nombre de su principio social que quiere amparo y protección para los desvalidos y los pobres, y si he podido equivocarme al estudiar el evangelio, encuentro que mi opinión es conforme a la de Bossuet, y que este insigne escritor, respetado por el mundo católico, enseña también la protección de los pobres y la purificación de los ricos por medio de la caridad, el mismo Jesús, señores, hacía bien a cuantos encontraba en su camino, y para sanar a los enfermos y para volver la vista a los ciegos, y para iluminar la inteligencia de los ignorantes, a nadie preguntaba: ¿cuál es tu religión? ¿Por qué se quiere que nosotros hagamos esta pregunta, cuando llamemos a los hombres a participar de las delicias de nuestro suelo y de los beneficios de nuestras instituciones?... “Vosotros los que queréis la intolerancia, los que queréis corregir los preceptos de Dios, sed consecuentes con vuestro principio, proscribid la libertad de la prensa, sepultad o quemad a los que no profesan vuestro culto, cerrad las puertas al extranjero, esclavizad a vuestros hermanos, hollad todo derecho, llevad la guerra a todas partes, dejad el exterminio y la muerte en vuestro camino, y cuando estéis empapados de sangre, y volváis los ojos al cielo para buscar una sonrisa de la divinidad…!estremeceos, porque la bóveda celeste será para vosotros de bronce, y debajo de vuestros pies brotarán las llamaradas del infierno!”
Ramírez, Ignacio, “El Constituyente”, en Ensayos, pp. 46-47.

“La religión no se presta a abrir las puertas del cielo al capitalista, sino cuando puede heredarlo.”
Ramírez, Ignacio, “La internacional de París”, en Ensayos, pp. 46-47.

En voz del Nigromante

Cortés no existe y no existirá ya otro Cortés, ¿por qué vuestra libertad no ha despertado? Considerad que no sólo se os oprime, sino que vuestros enemigos se avanzan a asegurar que no pertenecéis a la especie humana.
Ramírez, Ignacio, “A los indios”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 76.
Temis y Deucalión, Periódico Político, t.I, núm. 2, 6 de abril de 1850, pp. 1-4; en Obras Completas, III, pp. 400-403.

Ved con suma desconfianza a los dueños de las haciendas, a sus mayordomos, a los eclesiásticos, a todos los ricos, a todos los que se dejan que les beséis la mano, porque la mayor parte de éstos tienen interés en que permanezcáis pobres e ignorantes.
Ramírez, Ignacio, “A los indios”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 76.
Temis y Deucalión, Periódico Político, t.I, núm. 2, 6 de abril de 1850, pp. 1-4; en Obras Completas, III, pp. 400-403.

Imagen Litografía Constituyente 1854 “Los rusos son los indios del zar, los italianos son los indios del papa, los españoles, los alemanes, los franceses son los indios de los caciques y ya no quieren serlo, que busque nuestro actual Congreso indios en otra parte.”
Ramírez, Ignacio, “A los indios”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 76.
Temis y Deucalión, Periódico Político, t.I, núm. 2, 6 de abril de 1850, pp. 1-4; en Obras Completas, III, pp. 400-403.

“¡Mueran los gachupines!" fue el primer grito de mi patria; y en esta fórmula terrible se encuentra la desespañolización de México. ¿Hay algún mexicano que no haya proferido en su vida esas palabras sacramentales? Yo, uno de los más culpados, debo al señor Castelar, a quien admiro, una explicación razonada, sobre por qué en unión de mis conciudadanos reniego de la nación que, creyendo descubrir en la frente de Colón un camino seguro para robar a los portugueses las Indias Orientales, tropezó con nosotros, y desde entonces se ha complacido en devorarnos.”
Ramírez, Ignacio, “La desespañolización ”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 100.
El Semanario Ilustrado, 2 de octubre de 1868, t. I, p. 360; en Obras Completas, II, pp. 382-386.

“Una sola gota de sangre española, cuando ha servido en las venas de un americano, ha producido los Almontes y los Santa Annas, ha engendrado los traídores; y no extraño este fenómeno, porque para darnos su sangre no han venido a la América los Quintanas ni los Castelares, sino los frailes que ustedes han asesinado, y los galeotes que ustedes cargan de cadenas.”
Ramírez, Ignacio, “La desespañolización ”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, pp. 101-102.
El Semanario Ilustrado, 2 de octubre de 1868, t. I, p. 360; en Obras Completas, II, pp. 382-386.

“Los españoles no han hecho en nuestros puertos sino una cosa buena: salir por ellos.”
Ramírez, Ignacio, “La desespañolización ”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 102.
El Semanario Ilustrado, 2 de octubre de 1868, t. I, p. 360; en Obras Completas, II, pp. 382-386.

“Y, pues se trata de confundirnos en uno, tanto cuesta ir a España que venir de ella; americanícese usted, señor Castelar.”
Ramírez, Ignacio, “La desespañolización ”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 103.
El Semanario Ilustrado, 2 de octubre de 1868, t. I, p. 360; en Obras Completas, II, pp. 382-386.

“Enmiéndate, hijo ,y trabaja conmigo para hacer una cosa en grande, como estamos haciendo el tiempo y yo, esto es dar al diablo, digo a mí, la patria en cuerpo y en alma para nunca más morir, esto es por vía de mejora de fortuna. Don Satán (de la aristocracia del mérito y del talento).”
Ramírez, Ignacio, “Cartas del diablo al Nigromante”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 118.

“Pero en fin, pues que la justicia es el objeto del gobierno ¿crees que en México se conozca la justicia?”
Ramírez, Ignacio, “Cartas del diablo al Nigromante”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 119.
Don Simplicio, t. II, segunda época, núm. 20, 7 de marzo de 1846, pp. 3-4; en Obras Completas, I, p. 245.

“Se me está antojando que una sociedad puede existir sin gobierno, puesto que, sin gravar el erario público, tiene que comer la mayoría de los ciudadanos; todo se reducirá, entonces, a que entre los oficios se prohibieran como inútiles y gravosos, los de presidente, diputado, solado, general, juez, hombre bueno, etcétera, etcétera.”
Ramírez, Ignacio, “Cartas del diablo al Nigromante”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 119.
Don Simplicio, t. II, segunda época, núm. 20, 7 de marzo de 1846, pp. 3-4; en Obras Completas, I, p. 245.

Ignacio Ramírez

“¿Cómo se hace soberano al pueblo? ¡ya lo ve usted! Don Benito emplea todas las rentas de la nación en comprar gobernadores, periodistas, diputados, ayuntamientos, legislaturas, y electores; y mata a todos sus enemigos y de eso modo hace soberano al pueblo.”
Ramírez, Ignacio, “¿Cómo se hace al pueblo soberano? ¿Cómo se hacen los incrédulos?”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 122.
El mensajero, 1ero. agosto de 1871, p. 1; en Obras Completas, II, pp. 173-177.

“Deseo para mi patria una situación excepcional… El individuo es el soberano; ¡el municipio es la nación!”
Ramírez, Ignacio, “¿Cómo se hace al pueblo soberano? ¿Cómo se hacen los incrédulos?”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 122.
El mensajero, 1ero. agosto de 1871, p. 1; en Obras Completas, II, pp. 173-177.

“Dejemos la región de los misterios, y seamos de este mundo; usted lo ha dicho: pan, pan, vino, vino.”
Ramírez, Ignacio, “¿Cómo se hace al pueblo soberano? ¿Cómo se hacen los incrédulos?”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 123.
El mensajero, 1ero. agosto de 1871, p. 1; en Obras Completas, II, pp. 173-177.

“La Voz de México: ¿qué entiende usted por la naturaleza? Nigromante: Todas las cosas que obran sobre mis sentido: su fuerza es la resultante de la organización de mis sentidos y de las leyes a que aparece sometida la acción de la materia.” Ramírez, Ignacio, “¿Cómo se hace al pueblo soberano? ¿Cómo se hacen los incrédulos?”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p.123. El mensajero, 1ero. agosto de 1871, p. 1; en Obras Completas, II, pp. 173-177.

Litografía Constituyente 1854

“No tienen ustedes los cristianos un solo dogma, un solo rito, una sola máxima de moral, ni una sola palabra sacramental, que no provenga de las religiones paganas. Si algunos dudan por interés, también otros creen por interés. Pero la incredulidad es hija de la ciencia.”
Ramírez, Ignacio, “¿Cómo se hace al pueblo soberano? ¿Cómo se hacen los incrédulos?”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 124
El mensajero, 1ero. agosto de 1871, p. 1; en Obras Completas, II, pp. 173-177.

“Yo estoy contra el comunismo por la misma causa que no admito el absolutismo político y religioso; estoy por la independencia individual; estoy todavía más lejos que usted de ciertos socialistas. Puedo, por todo lo expuesto, hablar con absoluta imparcialidad sobre la Internacional.”
Ramírez, Ignacio, “¿Cómo se hace al pueblo soberano? ¿Cómo se hacen los incrédulos?”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p.124.
El mensajero, 1ero. agosto de 1871, p. 1; en Obras Completas, II, pp. 173-177.

“-La Voz de México: Dios no estaba allí
-Nigromante: ¿Pues dónde estaba? ¿acaso oía misa?
Mire usted, hermana, lo mismo que sus contrarios, ustedes quieren hacerse del poder, perpetuarse en el poder, medrar con el poder.”
Ramírez, Ignacio, “La verdad y el lenguaje”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 133.
El mensajero, 25 de julio de 1871, p. I; en Obras completas, II, pp. 158-163.

“En la práctica cada uno avanza hasta donde puede, con sus pies, con muletas, en asno, en ferrocarril, en globo. Ustedes nos cortan los pies, y su jefe nos dice: no hay más que un caballo, para mí; unas mulas para mis hijos; los demás síganme como puedan.”
Ramírez, Ignacio, “La verdad y el lenguaje”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 133.
El mensajero, 25 de julio de 1871, p. I; en Obras completas, II, pp. 158-163.

“La diferencia entre ustedes y nosotros consiste en que ustedes quieren ejercer el despotismo más intolerante sobre los pensamientos y sobre las acciones, mientras que nosotros gritamos: nadie es infalible, nadie puede mandar a su antojo, ¡debemos tolerarnos mutuamente!”
Ramírez, Ignacio, “La verdad y el lenguaje”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 133.
El mensajero, 25 de julio de 1871, p. I; en Obras completas, II, pp. 158-163.

“La gloria es una flor que suele sembrar el viento sobre la tumba.”
Ramírez, Ignacio, “La verdad y el lenguaje”, en La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p. 134.
El mensajero, 25 de julio de 1871, p. I; en Obras completas, II, pp. 158-163.

“¡La República existe!, y si no existiese, la inventaríamos unos pocos, como hemos inventado la Independencia y la Reforma…”
Ramírez, Ignacio, La Palabra de la Reforma en la República de las Letras, p.15 .
“¿Dónde está la República?, El Correo de México, 5 de diciembre de 1867, p. I; en Obras Completas, I, pp. 154.

“Se debe abolir de la nación mexicana todo espectáculo o las corridas de toros que denigren al animal o a cualquier ser vivo y así evitar que el gozo por el sufrimiento de los seres vivos siga siendo un espectáculo degradante para los seres humanos que no han podido superar con esas conductas sus atavismos ancestrales….Porqué si fuimos lo suficientemente valientes para despojarnos de las hordas de gachupines en 1821 con la consumación de la independencia nacional, no podríamos también eliminar de nuestras conductas sociales prácticas que denigran el concepto del que diariamente nos jactamos, el de ser una sociedad civilizada. No todo lo que llegó de Europa fue bueno”.

Papa Pío IX
Quien excomulgó a Ignacio Ramírez

Centro cultural Ignacio Ramírez o Bellas Artes


​“Antes de consumarse la Independencia, y por órdenes de Félix María Calleja, Lino Ramírez fue arrestado bajo el cargo de herejía, motín, alteración del orden público, traición a la corona española y por propiciar movimientos armados en contra de la religión y en buen gobierno. Su esposa y dos de sus pequeños hijos padecieron arresto domiciliario. Con el fin de evitar el odio creciente de la población, los realistas los condujeron, en calidad de enclaustrados, al Convento Real de la Concepción, edificado en 1765 y conocido como el Convento de las Monjas, en San Miguel de Allende. Ahí estuvieron detenidos por espacio de siete meses en una habitación de la planta baja, bajo llave. Lo irónico es que un siglo y medio después y por una brillante decisión del gobierno federal, esa propiedad se convertiría en el Centro Cultural El Nigromante. Junto a la habitación donde Sinforosa Calzada y sus dos pequeños hijos estuvieron confinados, hoy se levanta un busto en bronce de Ignacio Ramírez.”
Arellano, Emilio, Memorias Prohibidas, p. 31.

"El Instituto Nacional de Bellas Artes amplía sus actividades en los estados. Nuevos Centro Regionales de Iniciación Artística quedaron establecidos en Parras, Torreón y San Miguel de Allende."
López, Mateos, Adolfo, IV informe de Gobierno, p. 199, [En línea].

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